Europa no ha actuado ante las señales de aviso de una tragedia en el Mediterráneo

African asylum seekers rescued and taken aboard an Italian navy ship © Massimo Sestini / eyevine

Solicitantes de asilo africanos rescatados por un buque de la marina italiana. © Massimo Sestini / eyevine

Sherif Elsayed Ali, director de Derechos de Personas Refugiadas y Migrantes de Amnistía Internacional

Antes de los dos naufragios de los que se tuvo noticia ayer, se calculaba que este año habían perdido la vida o desaparecido 1.800 personas cuando trataban de cruzar el Mediterráneo desde el Norte de África. Puede que en estos últimos incidentes hayan muerto otras 700.

En 2014 se establecerá un récord lamentable de la cifra de personas refugiadas y migrantes fallecidas en el Mediterráneo. Esto se corresponde con un aumento significativo del número de personas que intentan hacer este viaje. Lo trágico es que todo era perfectamente previsible.
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Es hora de que Estados Unidos deje de alimentar el conflicto en Israel y Gaza

Publicado el 16 de septiembre de 2014 por Sunjeev Bery, director de Captación de Apoyos para Oriente Medio y Norte de África, Amnistía Internacional – Estados Unidos

Mientras la Asamblea General de la ONU inicia hoy su nuevo periodo de sesiones en Nueva York, Amnistía Internacional hace entrega de 187.563 firmas a la Casa Blanca en un llamamiento global para que cese el suministro de armas que alimentan los abusos en Israel y los Territorios Palestinos Ocupados. Miles de personas de Estados Unidos y 166 otros países piden al presidente Obama y al secretario de Estado John Kerry que dejen de armar a Israel y comiencen comenzar a respaldar un embargo de armas de la ONU a Israel, Hamás y otros grupos armados palestinos. Continue reading

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Ataques de venganza y oleadas de asesinatos en Samarra, Irak

Pancarta de una milicia chií en Bagdad

Pancarta de una milicia chií en Bagdad.

Donatella Rovera, asesora general sobre respuesta a las crisis de Amnistía Internacional en Irak.

Estos días no se ven visitantes dirigiéndose a la antigua ciudad iraquí de Samarra, a 120 km al norte de Bagdad, para admirar sus tesoros arqueológicos.

La ciudad, que fue la capital del poderoso Imperio Abasí que se extendía desde Túnez hasta el Asia Central, alberga también la emblemática mezquita de Al Askari y su cúpula dorada, un lugar sagrado chií que fue bombardeado por activistas suníes en 2006, lo que desencadenó un círculo vicioso de ataques y contraataques sectarios en todo Irak. Continue reading

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La lucha contra la tortura: “No bajen la guardia”

Ángel Amilcar Colón Quevedo (right) with Alex Neve (left) from Amnesty International Canada. ©Amnesty International.

Ángel Amílcar Colón Quevedo (derecha) con Alex Neve (izquierda) de Amnistía Internacional Canadá. ©Amnistía Internacional.

Por Alex Neve, secretario general de Amnistía Internacional Canadá (habla inglesa)

Llevábamos dos horas y media de viaje desde que salimos de Guadalajara. Al acercarnos, el ominoso nombre de la cárcel, CEFERESO número 4, Centro Federal de Readaptación Social, surgió, enorme e intimidante, al pie de una colina.

La siguiente hora la pasamos recorriendo interminables controles de seguridad, la mayor cantidad por la que he pasado en una visita a una cárcel en ningún lugar del mundo. Nos pusieron un sello en los antebrazos, visible sólo con una luz especial, y que tuvimos que enseñar a la salida para demostrar que ninguno se había quedado en lugar de un preso. De hecho, la seguridad visible era mayor de lo que yo había visto en ninguna de mis visitas al centro de detención de Estados Unidos de Guantánamo, en Cuba.

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“¿No saben que viene el invierno?” Frustración y miedo entre los desplazados de Irak

Internally displaced people in northern Iraq ©Amnesty International.

Personas internamente desplazadas en el norte de Irak ©Amnesty International

Por James Lynch, investigador sobre personas refugiadas y migrantes, en el norte de Irak.

En todo el norte de Irak, miles de personas expulsadas de sus hogares por el conflicto luchan ahora para sobrevivir en duras condiciones. A medida que se acerque el invierno, sólo pueden ir a peor.

En las proximidades de Derabon, cerca de la frontera de Irak con Turquía y Siria, un grupo de familias desplazadas ha encontrado simplemente un terreno desocupado junto a vías públicas y ha construido refugios sumamente básicos con madera y paja. Se abastecen de agua –apenas potable, según sus palabras– en un manantial que dista casi un kilómetro, y no disponen de ningún tipo de energía eléctrica.

Mientras estamos allí, llega un camión que entrega colchones donados, pero no hay suficientes para todos. Un grupo de niños lucha por el último colchón; la disputa termina con lágrimas en los ojos de los que pasarán otra noche sobre el duro suelo. Muchos niños no tienen zapatos, y los adultos nos piden que hagamos fotografías de la piel hinchada, desgarrada y dura de sus pies, para que el mundo vea lo que están pasando.

Esta escena no es más que una pequeña instantánea de las penalidades que miles de personas se ven obligadas a soportar ahora.

La celeridad y la magnitud del movimiento de personas tras la entrada del Estado Islámico en Sinjar a principios de agosto fueron tales que, en cuestión de días, cientos de miles de personas –en su mayoría pertenecientes a la comunidad minoritaria yazidí– huyeron cruzando la frontera de Siria para regresar al norte de Irak. Un mes más tarde sigue sin haber alojamientos suficientes, y mucho menos servicios básicos. Los campamentos que se han construido están llenos. Para las personas que se refugian en escuelas, edificios sin terminar o a la intemperie, las condiciones de vida pueden ser ciertamente terribles.

En Khanke, una pequeña ciudad no muy lejos del frente, 91 personas internamente desplazadas por el conflicto se hacinan en un edificio de hormigón sin terminar en una concurrida calle comercial. La profunda conmoción de haber sido expulsadas de forma súbita y violenta de sus ciudades de origen es palpable. Un hombre está sentado con la espalda apoyada en la pared, sin poder hablar, al parecer como consecuencia de la experiencia traumática que ha vivido.

El propietario del edificio dice que les deja usar el espacio porque se siente horrorizado y conmovido por su situación. El comienzo del invierno dentro de sólo un par de meses es la primera preocupación de todos.

“La temperatura baja de cero grados en invierno y no hay paredes que impidan que el frío entre en este lugar. Estoy muy preocupado por sus niños, que pueden enfermar si se quedan aquí”, dijo.

Después de un comienzo lento, la ONU y el gobierno regional están construyendo ahora nuevos campamentos para tratar de evitar una nueva catástrofe cuando lleguen los meses más fríos. Pero parece probable que sean las 129.000 personas que viven en las escuelas de Dohuk las primeras en trasladarse a ellos, para que pueda comenzar el curso escolar para los niños y niñas de la región.

La crisis de desplazamiento de Irak, que se ha agravado progresivamente en 2014 a medida que el conflicto estallaba en Anbar, Mosul y Sinjar, ha afectado a personas de casi todas las comunidades étnicas y religiosas de Irak; entre las más profundamente afectadas se cuentan los cristianos asirios, los chiíes turcomanos, los chiíes shabak, los miembros de la fe yazidí, los kakai y los mandeos sabeos. Hay aproximadamente 1,5 millones de personas desplazadas en todo el país; las organizaciones humanitarias están desbordadas y se esfuerzan por hacer llegar la ayuda a las personas que están en zonas consideradas demasiado peligrosas para que su personal viaje a ellas.

En todas partes reinan la frustración y la confusión entre los afectados, que se preguntan por qué la ayuda no llega con mayor rapidez. Un grupo de cristianos desplazados que vive en los terrenos de una iglesia de Erbil ha recibido la visita de dignatarios extranjeros, entre ellos el ministro de Asuntos Exteriores de Francia, pero a pesar de esta atención siguen teniendo agua sólo de manera intermitente, y hasta 60 personas duermen en una tienda de campaña.

Mientras el mundo centra la atención en cómo hacer frente a la amenaza del Estado Islámico, las personas desplazadas por el conflicto se preguntan qué opciones tienen para el futuro. Nadie espera un rápido final de los combates pero, en cualquier caso, muchas personas están convencidas de que, aunque se expulse finalmente al Estado Islámico de sus ciudades, nunca podrán regresar a sus hogares. Dicen que su confianza en que las fuerzas kurdas o iraquíes las protejan de ataques futuros ha quedado quebrantada.

Muchas personas desplazadas dicen que quieren salir de Irak y encontrar otro país donde vivir. Un hombre culto y padre de tres hijos que vive ahora en la ciudad de Sharia dice que está pensando en llevar a su familia a Turquía, para intentar cruzar ilegalmente la frontera de Grecia y la Unión Europea. Le explicamos los peligros que entraña cruzar esa frontera, y cómo el viaje podría no conducir a una vida mejor para su familia. Pero él se pregunta qué opciones le quedan:

“¿Qué otra cosa podemos hacer? No podemos regresar a casa, sabemos que nadie nos protegerá. Y aquí no hay muchas esperanzas. Mi esposa está embarazada de nueve meses, así que pienso que deberíamos partir unas semanas después de que nazca el bebé, para poder cruzar las montañas antes de que llegue el invierno.”

Puedes seguir a James Lynch en @jpmlynch

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