Civiles afectados de lleno por el conflicto de Gaza

Un niño cava entre los escombros de la casa de la familia Al Dalu, completamente destruida, en la ciudad de Gaza. © Amnistía Internacional.

Por Donatella Rovera, investigadora experta en crisis de Amnistía Internacional

Los niños juegan en la calle otra vez, a pesar de la lluvia torrencial. Llevaban ocho días sin salir, a causa de los incesantes bombardeos israelíes.

Cuando acabaron, el número de personas muertas superaba las 160 y entre ellas había más de 30 niños y niñas y decenas de civiles desarmados más.

Durante todo el tiempo que han durado los ataques, han estado confinados de puertas adentro: en casa, con familiares o en escuelas que la agencia de la ONU para los refugiados convirtió en refugios temporales para los millares de familias obligadas por los bombardeos a abandonar sus hogares.

Tampoco se hallaban necesariamente protegidos por el hecho de no salir afuera. Muchas de las personas muertas o heridas estaban en sus casas cuando las bombas cayeron sobre ellas o sobre las de sus vecinos.

En la ciudad de Gaza vi a los supervivientes de la familia Al Dalu buscar, desconsolados, entre los escombros los cadáveres de sus seres queridos, muertos cuatro días antes, cuando un avión de combate israelí bombardeó su casa.

Ninguna de las personas que estaban en la casa sobrevivió al ataque, que se cobró 12 vidas en total, incluidas las de los 10 miembros de la familia que se encontraban allí en ese momento.

Cinco niños, cuatro mujeres y el padre de cuatro de los niños.

El dueño de la casa, hombre de voz suave, de alrededor de 55 años, me habló, desconsolado, de su desgracia, mencionando por sus nombres a quienes había perdido.

“Mi esposa, Tahani, de 52 años; mis hermanas Ranin, de 25, y Yara, de 16; mi hijo Mohamed, de 29, y su esposa, Samah, de 25, con sus cuatro hijos –un niña de 7 años llamada Sara, y tres niños, Jamal, Yousef e Ibrahim, de 5 años, 4 años y 9 meses–, y mi hermana Suhaila, de 75 años, que iba en silla de ruedas”, dijo.

“Yo había salido de casa por la mañana, con mi hijo Abdallah, para ir al supermercado, porque nos habíamos quedado sin comida. Mi esposa me llamó más tarde para decirme que llevara también juguetes para los niños, para distraerlos de los bombardeos.”
“A primera hora de la tarde, antes de volver para casa, me puse a rezar, y cuando terminé vi a mi hijo llorando. Dijo que habían llamado los vecinos para decirnos que habían bombardeado nuestra casa. Volvimos corriendo y vimos un montón de escombros donde antes se levantaba la casa.”

“No hubo supervivientes. He perdido todo lo que más quería. ¿Por qué? ¿Es que mi esposa, mis hijos y nietos y mi hermana paralítica eran terroristas? ¿Qué mal habían hecho a Israel? Quiero ver que se hace justicia. No quiero nada, sólo justicia. La Corte Penal Internacional tiene que cumplir con su deber para que se lleve a los responsables de estos crímenes ante la justicia.”

En la vivienda de al lado, dos vecinos –una mujer de 79 años y su nieto– murieron aplastados al derrumbarse las paredes de la casa de los Al Dalu. Otros miembros de su familia resultaron heridos.

En otro vecindario, un niño de cinco años, Mohammed Abu Zur, y dos tías suyas murieron y otros 25 miembros de la familia, entre ellos 15 niños más, resultaron heridos al ser bombardeada la vivienda contigua. Fueron víctimas de los denominados “daños colaterales” causados por los implacables bombardeos efectuados por el ejército israelí contra zonas residenciales densamente pobladas.

Sabían que era casi seguro que iban a matar y herir a civiles desarmados, ajenos al conflicto, y a causar destrucción y daños mucho más allá de los objetivos a los que apuntaran realmente.

Además, estos casos no son excepcionales. En los pocos días que llevo en Gaza he investigado muchos más casos de niños y otros civiles desarmados muertos o heridos en bombardeos israelíes entre el 14 y el 21 de noviembre.

Una vez más, la población civil ha sido la más afectada. La impunidad concedida a los responsables de ataques similares anteriores ha contribuido, sin duda, a su repetición durante esta última escalada del conflicto. Lo que hay que hacer ahora es llevar a cabo una investigación independiente para garantizar que no se priva de nuevo de justicia y reparación a las víctimas.

Más información:
Investigamos los ataques con cohetes en Israel (blog, 29 de noviembre de 2012)
Conflicto de Israel/Gaza: La ONU debe imponer un embargo de armas y enviar inmediatamente observadores internacionales (comunicado de prensa, 19 de noviembre de 2012)

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