Investigamos los ataques con cohetes en Israel

Daños provocados en un bloque de apartamentos de Rishon LeZion, a las afueras de Tel Aviv, por cohetes lanzados desde Gaza. © Amnistía Internacional.

Por Ann Harrison, directora adjunta del Programa de Amnistía Internacional para Oriente Medio y el norte de África

Amanecía cuando llegamos a Israel para iniciar nuestra investigación sobre los ataques con cohetes lanzados desde Gaza, que, al finalizar el último estallido de violencia, habían causado la muerte de seis israelíes, incluidos cuatro civiles, y heridas a al menos 40; otros 300 necesitaron tratamiento a causa de la conmoción sufrida.
Desde el cielo se veían estelas de humo de formas extrañas, y nos preguntamos si serían restos de misiles lanzados desde la Cúpula de Hierro, utilizada para interceptar los cohetes lanzados por grupos armados palestinos que, esta vez, llegaron hasta Tel Aviv.

Una de las habitaciones de nuestro apartamento era el inevitable mamad, un refugio antibombas obligatorio en todas las nuevas edificaciones en Israel. Sin ventanas, con paredes reforzadas, su finalidad es proteger a quienes viven allí durante los ataques con cohetes.

Dormir confinada en este claustrofóbico espacio me ayudó a darme cuenta del constante temor a los ataques con cohetes que viven los israelíes desde que Irak lanzó misiles Scud contra Israel en 1991, durante la primera Guerra del Golfo.
Pudimos comprobar la efectividad de los mamad al ver las ruinas de los pisos superiores de un bloque de apartamentos en Rishon LeZion; la noche de nuestra llegada había sido alcanzado por un cohete lanzado desde Gaza. Si sus habitantes no se hubieran refugiado en el mamad, sin duda estarían muertos. Aunque, claro está, los habitantes de Gaza, y muchos israelíes que viven en edificios más antiguos, no tienen acceso a un refugio como este.

Kfir Rosen, una de las personas que resultaron heridas en el ataque, había decidido, junto con su hermano, no entrar en el mamad cuando sonó la sirena a las seis de la tarde del 20 de noviembre. Nos contó: “La alarma dejó de sonar y no se oía nada, ni siquiera la Cúpula de Hierro”.

De repente se sintió una explosión enorme, una densa cortina de ceniza y pólvora; me entró todo a la garganta. Cayeron bloques a causa de la explosión; uno me dio en el hombro derecho y en el lado derecho de la muñeca.

Un trozo me golpeó el brazo, y la metralla me quemó el cuello. Bajé las escaleras y vi la enorme destrucción; el aparcamiento estaba lleno de coches destrozados […]. Mi hermano también resultó herido, menos que yo; le sangraba la cabeza.

En el hospital de Soroka, en la ciudad meridional de Beer Sheva, entrevistamos a varias personas que se habían visto atrapadas en diversos ataques indiscriminados con cohetes desde el 14 de noviembre. Durante los ocho días se lanzaron más de 1.500 cohetes contra Israel.

Un policía que deseaba permanecer en el anonimato nos dijo: “MI hijo de 16 años estaba jugando al fútbol con su hermano y unos amigos cuando sonó la sirena, a las ocho de la tarde del 20 de noviembre”.

Corrieron a refugiarse junto a un muro de hormigón, pero, cuando cayó el cohete, un trocito de metralla perforó la pierna de mi hijo y entró en el tejido a gran profundidad. Esperamos que se recupere y vuelva a jugar al fútbol, pero sigue habiendo riesgo de infección. Cuando estás acostumbrado a ayudar a otras personas, es muy duro oír por la radio que ha habido un ataque como este, llegar al lugar donde se ha producido, y encontrarte con que es tu propio hijo el que ha resultado herido.

Nayyaf al Ginawi, ciudadano palestino de Israel procedente de la ciudad beduina de Lakiya, nos contó: “Conducía mi coche cuando un cohete cayó cerca e hizo añicos las ventanas; me entró metralla en la mano derecha, y ahora estoy esperando a que me operen”.
Nos dirigimos a otro centro médico. Sima Deutsch, de 75 años, había sido trasladada allí el día anterior. Nos contó que ella y su esposo, superviviente del holocausto, habían utilizado un andador para salir de su apartamento y llegar a la zona segura del edificio, porque no había mamad.

Sima tropezó con la rueda del andador, se cayó, se rompió el fémur y tuvieron que operarla. “Estoy pasando un infierno. Me cuesta mucho apoyarme en la pierna. Espero de corazón que pueda volver a andar. No soy un tipo de persona a la que le guste estar sentada […] Es duro no poder hacer nada. Nos daban tanto pánico los cohetes que teníamos miedo de salir a la calle”.
Aunque la magnitud de las lesiones y los daños es inferior a la que han sufrido en Gaza, estos ataques indiscriminados con cohetes siempre ponen en peligro a la población civil.

El 21 de noviembre se produjo un atentado con bomba en un autobús de Tel Aviv, que nadie ha reivindicado y que estaba claramente dirigido a la población civil; al igual que los ataques indiscriminados con cohetes, constituyó una clara violación del derecho internacional. Amnistía Internacional ha condenado reiteradamente estos ataques.

Si se reinician las hostilidades en el futuro, todas las partes en el conflicto entre Gaza e Israel deben dar máxima prioridad a la protección de la población civil. La presencia de observadores internacionales en ambos bandos podría contribuir considerablemente a disuadir de la comisión de futuras violaciones de derechos humanos y ayudaría a que se rindiesen cuentas por las que se produzcan.

Me fui de Israel con las palabras de Yonatan Gher, director de AI Israel, grabadas en mi mente: “Lo primero que me preguntó mi hijo pequeño fue cómo disparaban los cohetes hacia Tel Aviv, donde vivimos. Eso fue fácil de responder. Luego me preguntó por qué. ¿Por qué tiene que hacer esa pregunta un niño, sea de donde sea?”.

Más información
Civiles afectados de lleno por el conflicto de Gaza (blog, 29 de noviembre de 2012)
Conflicto de Israel/Gaza: La ONU debe imponer un embargo de armas y enviar inmediatamente observadores internacionales (comunicado de prensa, 19 de noviembre de 2012)

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