Egipto: Enfrentamientos callejeros ante el Palacio Presidencial

Manifestantes y fuerzas de seguridad en el exterior del Palacio Presidencial. ©Amnistía Internacional

Por el equipo de Egipto de Amnistía Internacional

Cuando tomó posesión de su cargo hace sólo unos meses, Mohamed Morsi prometió ser el presidente de todos los egipcios.

Pero las esperanzas de que el presidente tome medidas para resolver la actual situación y derogue el decreto que le concede amplios poderes, desencadenante de esta última crisis, se han desvanecido tras una amarga y sangrienta noche de enfrentamientos entre partidarios y detractores del presidente.

Los enfrentamientos comenzaron tras el ataque de los partidarios del presidente –al parecer sobre todo miembros de la Hermandad Musulmana– contra una sentada organizada por sus detractores ante el Palacio Presidencial en Heliópolis.

Sahar Mohamed Talaat, trabajadora de Radio France International, fue agredida por partidarios de Morsi vestidos de civil, que la tiraron al suelo, le propinaron puñetazos y patadas y la golpearon con porras.

La mujer presenta hematomas en la espalda y el pecho y es posible que tenga la nariz rota. Varias activistas también fueron golpeadas o abofeteadas en los enfrentamientos.

La pasada noche presenciamos cómo ambos grupos se desafiaban en la plaza Roxy junto al Palacio, separados por una delgada franja de seguridad de policías antidisturbios. Desde ambos lados se proferían insultos y se lanzaban piedras y cócteles molotov.

En varias ocasiones, la policía antidisturbios lanzó gas lacrimógeno contra la multitud, provocando estampidas de pánico, pero haciendo muy poco para calmar los ánimos. También oímos disparos.

Más tarde, fuimos a un hospital de campaña montado en la cercana Iglesia Evangélica.

En sólo un par de horas, este lugar de culto se había transformado en un centro médico de apoyo totalmente operativo, con médicos que prestaban primeros auxilios y tratamiento de urgencia a las personas heridas.

Había voluntarios ocupándose de inscribir a las personas que ingresaban y distribuyendo alimentos y bebidas.

Un portavoz nos dijo que les habían llegado 30 casos de lesiones, en su mayor parte cortes, pero también algunas heridas más graves, como fracturas óseas y heridas por perdigones.

Uno de estos casos era el del periodista en prácticas Ahmed Abdel Badei, alcanzado en el ojo derecho y la cara por disparos de escopeta, a quien encontramos cuando lo atendían de sus heridas. Nos dijo que había estado viendo los sucesos desde el bando de los partidarios del presidente cuando le dispararon, al parecer desde el otro lado.

También vimos a Tamer Mourad, guía turístico que nos dijo que había intentado intervenir para calmar los ánimos y detener los enfrentamientos, pero se había quedado atrapado entre ambos grupos y le había golpeado una piedra. Tuvieron que darle ocho puntos de sutura.

La misma escena, según los informes, se repitió en varias ciudades de Egipto la pasada noche. En el momento de redactarse estas líneas, el saldo de muertos en El Cairo al parecer asciende a cinco personas y unas 500 han resultado heridas, según el Ministerio de Salud.

Varias oficinas de la Hermandad Musulmana y el Partido de la Libertad y la Justicia fueron incendiadas en Port Said, Ismailia, Alejandría y otras ciudades.

Parecía increíble que apenas la noche anterior por esas mismas calles hubiera transcurrido una manifestación pacífica.
El martes por la noche nos habíamos unido a los miles de manifestantes que marchaban hacia el Palacio Presidencial y gritaban “pacíficos, pacíficos” cuando la policía antidisturbios se retiraba ante ellos. Había egipcios de todas las edades, hombres, mujeres, niños y niñas.

Pedían al presidente que renunciara a un nuevo decreto que le otorga amplias atribuciones y rechazara el proyecto de Constitución tramitado aceleradamente por una Asamblea Constituyente dominada por los islamistas y boicoteada por muchos partidos y grupos políticos.

A medida que aumentaba el número de manifestantes que llegaban a las calles circundantes, vimos cómo la policía antidisturbios recurría al gas lacrimógeno para intentar dispersarlos antes de volver a desaparecer, en esta ocasión abandonando material e incluso un camión blindado.

Sin embargo, a pesar de la multitudinaria manifestación del martes y de los violentos disturbios de la pasada noche, no hay señales de que las autoridades estén dispuestas a tomar medidas para calmar la situación o evitar nuevos enfrentamientos.
Por el contrario, el vicepresidente ha anunciado que están dispuestos a seguir adelante con el referéndum constitucional del 15 de diciembre, algo que probablemente incrementará la tensión.

Hoy, los tanques de la guardia presidencial han vuelto a las calles de El Cairo. Se ha desplegado al ejército en el exterior del Palacio Presidencial, una siniestra y preocupante señal de lo que está por suceder. Casi nadie cree que esta crisis vaya a resolverse rápido.

Pero las autoridades no han dado señal alguna de que estén dispuestas a dar su brazo a torcer y en la actualidad la fractura es más profunda que nunca.

Hoy se han organizado más marchas contra Morsi hasta el Palacio Presidencial en respuesta a los acontecimientos de ayer, y para el viernes se esperan más movilizaciones.

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