La difícil situación de las personas refugiadas en Yida: En peligro tanto si se quedan como si se van

El campo de Yida ha sido el destino de las personas refugiadas que huyen de las violaciones masivas de los derechos humanos y de la crisis humanitaria que tienen lugar en el estado de Kordofán del Sur, en Sudán. © Amnistía Internacional

Alex Neve, secretario general de Amnistía Internacional Canadá, y Khairunissa Dhala, investigadora en Sudán del Sur

Han pasado nueve meses desde la última vez que visitamos el campo de refugiados de Yida, en Sudán del Sur y, al volver ahora, es increíble lo que ha cambiado; y también es tremendamente perturbador lo que sigue igual.

Durante el último año y medio este campo ha sido el destino de las personas refugiadas que huyen de las violaciones masivas de los derechos humanos y de la crisis humanitaria que tienen lugar en el estado de Kordofán del Sur, en Sudán.

Cuando estuvimos aquí en abril, había poco más de 20.000 refugiados en Yida, pero cada día llegaban cientos más.

Actualmente, el campo acoge a unas 60.000 personas refugiadas de etnia nuba de Sudán. El índice de llegadas, que se ha ralentizado bastante durante la incesante estación de lluvias de esta región, ha alcanzado de nuevo en enero la media de aproximadamente 1.000 personas a la semana.

Y ese es el gran cambio. El campo ha aumentado de tamaño considerablemente: casi se ha triplicado en ocho meses.

Y aún hay más, aparte de la afluencia masiva. El mercado es todo bullicio. Se construyen viviendas por todos lados: no solo las chozas con tejado de paja de los recién llegados, sino también construcciones más confortables de ladrillo macizo. Y con todo este crecimiento, parece que existe una atmósfera más distendida en el campo.
Sin embargo, todavía hay muchas cosas que siguen igual, y eso es lo que nos preocupa profundamente.
Lo primero y, por supuesto, más importante es que las violaciones generalizadas de los derechos humanos y las infracciones del derecho internacional humanitario continúan al otro lado de la frontera.

Hoy hemos entrevistado a varios refugiados que han llegado a Yida durante las últimas semanas. Con desesperación advertimos que las historias que nos relatan son muy similares a las que oíamos el año pasado.

El bombardeo aéreo por parte de la flota de aviones Antonov de la Fuerza Aérea Sudanesa continúa. La gente ha compartido con nosotros muchos nombres de familiares y vecinos —incluido el caso de un bebé de un solo año de edad— que han sido asesinados y han resultado gravemente heridos mientras las bombas de los Antonov caían del cielo de forma totalmente indiscriminada. Un hombre nos enseñó las cicatrices de una reciente herida de metralla.

Además de este terror aéreo, todos mencionan la ingente cantidad de víctimas del hambre existentes en el estado de Kordofán del Sur.

Las bombas han destruido tiendas de alimentación, han arruinado campos y han imposibilitado cultivar y plantar de nuevo. Tal y como hicieron en 2012, las personas están huyendo a Yida aterrorizadas por las bombas y el hambre.

La otra cuestión que no ha cambiado es la preocupación de la ONU por la ubicación tan peligrosa del campo de Yida, próxima a la frontera entre Sudán y Sudán del Sur, y junto a una carretera estratégica. La agencia de la ONU para los refugiados (ACNUR) desea que las personas refugiadas se muden de Yida. El año pasado trataron de animar a los refugiados a que se desplazaran al campo de Nyeel, a dos horas en dirección Sur. Se levantaron tiendas para 9.000 personas pero, finalmente, menos del 10 por ciento de esa cifra accedió a trasladarse. Por una gran cantidad de motivos, incluido que Nyeel es propensa a las inundaciones en la estación de lluvias, las personas refugiadas en Yida se quedaron. La idea de reubicarse en Nyeel se ha abandonado.

Ahora, se planea trasladar a los refugiados a una ubicación diferente, y, entre otras opciones, abrir un campo nuevo en marzo, el cual, al igual que el de Yida, estará situado cerca de la frontera, pero no junto a la misma carretera estratégica.

No obstante, este nuevo emplazamiento está más próximo a un área controlada por militares sudaneses, no por el Ejército de Liberación Popular de Sudán–Norte, que controla las zonas cercanas a Yida.

Es por este motivo que muchas personas refugiadas a las que entrevistamos insistieron una vez más en que no se irían. Se sienten bien asentadas en Yida; y temen la proximidad existente entre el campo nuevo y los militares sudaneses. Como nos comentaba una mujer: “¿Por qué los refugiados querrían acercarse a su enemigo?”.

Se trata de una situación complicada sobre la que seguiremos indagando en los próximos días. Varios refugiados nos aseguran que preferirían volver a las montañas Nuba antes que trasladarse al campo nuevo. Esa, obviamente, no es la respuesta.

Read more:

Sudan’s civilians in crisis: Indiscriminate attacks and arbitrary arrests pervade Southern Kordofan (Declaración pública, 11 de diciembre de 2012)

Un año después: El fracaso de liderazgo de Sudán y Sudán del Sur ha causado una crisis de derechos humanos (Noticia/vídeo, 11 de julio de 2012)

South Sudan: ‘We can run away from bombs, but not from hunger’: Sudan’s refugees in South Sudan (Informe, 7 de junio de 2012)

‘We can run away from bombs, but we can’t run away from hunger’ (Blog, 16 de abril de 2012)

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