El río de la muerte de Alepo

Es frecuente que los cadáveres se laven en el río. ©Amnesty International

Por Donatella Rovera, en exclusiva para la CNN

El río Kweik de Alepo sigue arrastrando los cadáveres de hombres y muchachos a los que han disparado en la cabeza a quemarropa. Algunos tienen las manos atadas a la espalda, otros presentan señales de tortura.

Prácticamente cada día de la semana pasada he recibido llamadas telefónicas a primera hora de la mañana para informarme de que habían aparecido más cadáveres en el río —dos el domingo, cuatro el lunes, siete el martes, tres el miércoles…—.

Todos acaban flotando hacia el mismo lugar del distrito de Bustan al Qasr de Alepo, la ciudad más grande de Siria, bajo control de las fuerzas de la oposición, pero que se encuentra sólo a unos cientos de metros río abajo de una zona controlada por las tropas del gobierno.

Tratar de recuperar los cadáveres en el lugar en el que primero aparecen —demasiado cerca de la zona controlada por el gobierno y justo en la línea de fuego de sus francotiradores— resulta demasiado peligroso, por lo que los voluntarios locales esperan que los cadáveres recorran flotando unos 300 metros más río abajo hasta un lugar donde pueden recuperarlos sin correr tanto peligro.

El 3 de marzo llegué cuando se acababan de recuperar dos cadáveres del río. En la cara de uno de ellos, habían escrito algo con un rotulador azul. Tuve que mirarlo de cerca porque el agua y el barro habían difuminado y borrado parcialmente las letras —el cadáver flotaba boca abajo cuando lo encontraron—.

En la frente llevaba escrito “al-Assad”, y en la mejilla izquierda, “Surya”. No fue posible descifrar lo que había escrito en la mejilla derecha y la barbilla. Se cree que las dos palabras ilegibles podrían haber sido “u bas”, como en el estribillo a favor del régimen: “al-Assad, Surya, u bas” ([Presidente] al Asad, Siria y nada más).

Este hombre era Ahmad Ali Salah Hamwi. Al día siguiente, su hijo de 12 años, Hassan, fue hallado en el río junto con otros tres cadáveres. Estos, como muchos otros, fueron enterrados de forma anónima —en la zona no hay tanatorio, y en cualquier caso no hay electricidad para una cámara frigorífica—.

Finalmente, el 5 de marzo, Ahmad y su hijo fueron identificados por unos familiares que acudieron a una pequeña oficina donde voluntarios locales guardan fotos de todos los cadáveres encontrados en el río.

Cada vez que visitaba la oficina encontraba a familiares de personas desaparecidas que revisaban la espantosa colección de fotos de cadáveres en el ordenador portátil de uno de los voluntarios. Desde el 29 de enero, cuando se hallaron 82 cadáveres, el río ha arrastrado hasta el mismo lugar unos 60 cadáveres más. Algunos, aunque no todos, han sido identificados.

Entre los cadáveres hallados el 29 de enero había un muchacho de 15 años, Abd al Majid Reem Batsh, y su tío, Majid Nunu, de 38.

“Abd al Majid vivía con su abuela porque sus padres trabajaban en Libia“ —me contó uno de sus familiares—. El domingo fue con su tío Majid a inscribir en el registro al nuevo hijo de Majid. Nunca volvieron a casa, y el martes hallaron sus cadáveres en el río. El muchacho tenía señales de tortura en la cara y le había disparado en el corazón. A su tío le dispararon en la cabeza.”
Mohammad Shaaban Mustafa, trabajador ferroviario de 47 años, salió de su domicilio en Bustar al Qasr el 13 de febrero por la mañana y se dirigió como cada día a su trabajo en la zona de la estación de Bagdad (bajo control del gobierno). Nunca volvió a casa. Su cadáver apareció en el río a la mañana siguiente con una gran herida de bala en la cabeza.

Muchas de las víctimas vivían en el distrito de Bustan al Qasr o en otras zonas bajo control de la oposición, y desaparecieron cuando entraron en zonas controladas por el gobierno. Varias familias a las que conocí me dijeron que sus familiares no estaban metidos en política —así que puede que su delito haya sido sencillamente vivir en una zona controlada por la oposición—.

Pero las fuerzas del gobierno no son las únicas que cometen estos crímenes.

En el distrito de Bustan al Qasr tuve noticias también de Mohammad Abd al Jalil Khaled (alias Abu al Abed), de 42 años, padre de dos hijos pequeños, que fue secuestrado por uno de los grupos armados de la oposición que actúan en la zona y que murió bajo su custodia 10 días después. Integrantes del Batallón de Al Amran/Mártir Nimr, perteneciente a la Brigada de Afadi al Rasoul, se lo llevaron de su oficina a principios de octubre.

Al principio, la brigada negó que lo tuviese retenido, pero al final permitieron que sus padres lo visitaran el 9 de octubre. La visita tuvo lugar en presencia de integrantes de la brigada, por lo que no pudo hablar libremente.

El sábado siguiente su familia se enteró de que había muerto, y cuando fueron a preguntar a la brigada, les dijeron que Mohammad había sido enterrado, pero no les dijeron dónde. En cuanto a la causa de la muerte, tampoco recibieron ninguna explicación.

Dos semanas después, se permitió a la familia de Mohammad que lo enterrara.

Una mañana a las 6.30 h integrantes de la brigada, armados y equipados con una ametralladora antiaérea montada en una camioneta, entregaron el cadáver de Mohammad, cubierto de barro, a su familia. Tuvieron que enterrarlo de inmediato, y no se les permitió llevar a cabo ninguno de los rituales funerarios, como lavar el cadáver, rezar en la mezquita o un cortejo fúnebre.

Hasta la fecha, nadie ha comparecido ante la justicia por este caso. Cuando los jueces de uno de los dos comités judiciales que funcionan como tribunales en las zonas de Alepo controladas por la oposición citaron al jefe de la brigada, este se presentó con un grupo de combatientes fuertemente armados, con lo que al parecer consiguió intimidarlos para hacerlos callar.

Otro caso espantoso, ocurrido el 2 de marzo, fue el asesinato de Abdallah al Yassine, joven activista de medios de comunicación que había trabajado con muchos periodistas extranjeros como gestor local/traductor. Encontré su cadáver a las puertas de uno de los pequeños hospitales de una zona de Alepo controlada por la oposición. Le habían disparado en la base de la cabeza a quemarropa.

El presunto asesino de Abdallah al Yassine es al parecer el líder de uno de los muchos grupos armados de la oposición que actúan en Alepo. Según los informes, ha sido detenido por la brigada de Jabhat al Nusra —que se cree que es el grupo más poderoso de las fuerzas de la oposición en la ciudad—, pero todavía no se conocen todos los detalles.

Cuanto más dure este conflicto, más complejo, polarizado e intratable se volverá, y como suele suceder, es la población civil la que se lleva la peor parte.

Texto original en inglés en el sitio web de la CNN: http://globalpublicsquare.blogs.cnn.com/2013/03/11/aleppos-river-of-death/

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