¿Se lo están pensando mejor los Estados mientras las conversaciones en torno al Tratado sobre el Comercio de Armas se caldean?

Activistas de todo el mundo piden a los dirigentes mundiales reunidos en la ONU que pongan fin al flujo de armas para cometer atrocidades. © Control Arms/ Andrew Kelly

Por Widney Brown, directora general de Derecho Internacional y Política de Amnistía Internacional

Cuando llega a su fin la primera semana de negociaciones en torno al Tratado sobre el Comercio de Armas que tienen lugar en Nueva York, hay una sensación de frío en el ambiente que no se puede atribuir únicamente al tiempo invernal y ventoso.

Parece que justo cuando los gobiernos tienen una oportunidad real de cambiar las cosas —redactar y adoptar un tratado que podría salvar vidas y mitigar el sufrimiento— se lo piensan mejor.

Desde el comienzo, el Consejo de Seguridad de la ONU ha tenido la potestad de imponer embargos de armas que, en teoría, deberían detener la entrada de armas en Estados que violan de manera sistemática el derecho internacional humanitario. Pero como sabemos, estos embargos —cuando se imponen— suelen llegar demasiado tarde.

En Amnistía Internacional denominamos “post mórtem” a este enfoque en materia de control de armas. Esperar hasta que bastantes civiles han perdido la vida y decidir entonces dejar de enviar armas a quienes dirigen sus ataques contra la población civil.

Los Estados reunidos aquí tienen la oportunidad de superar el enfoque post mórtem. Está en su mano adoptar un tratado que identifique situaciones en las que las armas se utilicen para cometer atrocidades o que corran el riesgo de acabar en manos de usuarios ilegítimos, y prohibir estas transferencias de armas.

Salil Shetty, secretario general de Amnistía Internacional, insta a que el Tratado sobre el Comercio de Armas garantice que armas y munición no sirvan jamás para provocar la comisión de crímenes de guerra, crímenes de lesa humanidad y graves violaciones de los derechos humanos. © Amnesty International

Proponemos dos criterios distintos para valorar si un gobierno debe transferir armas, munición y tecnología conexa a otro país. Primero, si el gobierno sabe que las armas se utilizarán para cometer abusos, la transferencia debe prohibirse. Segundo, si el gobierno determina que existe una probabilidad considerable de que las armas se utilicen para cometer abusos, la transferencia debe prohibirse.

No es tan difícil de entender.

Pero algunos de los Estados que participan en las negociaciones quieren que se limiten las prohibiciones lo más que se pueda. Por ejemplo, algunos alegan que el Estado debería prohibir una transferencia únicamente si la intención fuese utilizar las armas para cometer genocidio, crímenes de lesa humanidad y un número limitado de crímenes de guerra.

O dicho de otra manera, incluso si supieran que las armas se están utilizando para cometer crímenes de guerra y graves violaciones de los derechos humanos, todavía podrían suministrar armas a los autores.

Así que esta es la pregunta: ¿cuántos civiles deben morir para dejar de suministrar armas a quienes ya han demostrado desprecio por el derecho internacional humanitario y de los derechos humanos? ¿Y qué crímenes de guerra se consideran “suficientemente graves”? Circula una propuesta que podría interpretarse en términos de exclusión de los crímenes de guerra de violencia sexual.

Supimos cuando llegamos a Nueva York que los Estados estaban ansiosos de salvaguardar el poder político y económico que poseen como proveedores de armas. También supimos que el tratado se tendría que estructurar de tal manera que todos los países que venden armas tuviesen que trabajar en las mismas condiciones. Ningún gobierno quiere hacer lo correcto y dejar de transferir armas a un gobierno que abusa de la fuerza para comprobar que otro gobierno se inmiscuye y se apropia de su venta de armas.

Pero no se puede recurrir a los intereses políticos y económicos para justificar los envíos de armas a un país donde se sabe que el gobierno y las fuerzas de seguridad cometen crímenes de guerra y graves violaciones de los derechos humanos.

Repito, no es tan difícil de entender. Los Estados necesitan dejar de contar dinero y comenzar a contar las vidas que podrían salvar. Este año la primavera no se puede retrasar.

Actúa:
Click. Boom. Stop arming human rights abusers.

Más información:
Balas no perdidas: por qué el Tratado sobre el Comercio de Armas debe regular la munición (blog, 20 de marzo de 2013)
Tratado sobre el Comercio de Armas: no hay que perder esta oportunidad histórica de salvar vidas (comunicado de prensa, 18 de marzo de 2013)

Posted in Armas bajo Control, Comercio de armas, Conflicto armado, Crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad, Grupos armados, Naciones Unidas, Niños y niñas soldados, Terrorismo | Leave a comment

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