Haití no olvidará las violaciones de derechos humanos del pasado

Hace tiempo que Jean-Claude Duvalier elude los tribunales. © THONY BELIZAIRE/AFP/Getty Images

Por Chiara Liguori, delegada de Amnistía Internacional en Haití.

Para la población haitiana de todo el mundo, hoy es un día dedicado a la memoria.

El 26 de abril de 1963, tras un fallido intento de secuestro de los dos hijos del entonces presidente François Duvalier, un llamamiento radiofónico pidió que la milicia del dictador persiguiese a los presuntos conspiradores.

Lo que ocurrió a continuación fue un verdadero horror.

Familias enteras fueron exterminadas, e incluso murieron o desaparecieron personas que se cruzaron por casualidad en el camino de la milicia.

Lo que ocurrió aquel día aciago fue representativo de los 29 años que François Duvalier y su hijo Jean Claude ostentaron el poder en Haití.

A pesar de los numerosos intentos por parte de sobrevivientes y familiares, no se ha procesado a nadie por esos crímenes.

Han pasado 50 años, y la justicia parece avanzar demasiado despacio en el país caribeño.

A finales de enero, el Tribunal de Apelaciones haitiano comenzó a examinar el recurso –presentado por víctimas de violaciones de derechos humanos– contra la decisión previa de un juez de instrucción de no juzgar a Jean Claude Duvalier por crímenes de lesa humanidad.

Se suponía que ayer tenía que haberse celebrado la novena vista de este caso.

Nos preparamos para asistir, ya que nos encontramos en Puerto Príncipe para la publicación de un nuevo informe sobre desapariciones forzadas en los campos para personas desplazadas. Sin embargo, cuando llegamos al tribunal nos informaron de que se acababa de cancelar la vista porque uno de los jueces tenía que asistir a un funeral.

El Tribunal empezó a oír a las víctimas el 4 de marzo. De las más de 20 personas demandantes, sólo 5 han prestado declaración. Duvalier no ha comparecido, alegando motivos de salud, y está representado por sus abogados.

De hecho, hace tiempo que Duvalier elude los tribunales.

La última vez que compareció ante un tribunal fue en febrero pasado, tras recibir una citación oficial del Tribunal de Apelaciones; en aquel momento, negó toda implicación en los crímenes y afirmó que hizo todo lo posible por garantizar que se castigaban todas las “anomalías”.

Desde enero, casi todos los jueves, las víctimas y sus abogados luchan por obtener justicia y una reparación. Sufren la lentitud y las deficiencias del sistema de justicia y se enfrentan al desdén de los abogados de Duvalier, que se niegan a reconocerlas como partes civiles en los procedimientos y las describen como responsables de una actitud subversiva y desestabilizadora.

También sienten que el Estado las ha abandonado.

La Fiscalía, en vez de cumplir su función y defender los intereses públicos, se ha alineado con la defensa y no pierde la oportunidad de desestimar las alegaciones de los demandantes.

El ejecutivo actual no ha mostrado interés en procesar a Duvalier, sino que, por el contrario, le ha concedido un pasaporte diplomático; según informes, varios de sus integrantes ocuparon puestos de poder en el gobierno de Jean-Claude Duvalier.

Aunque la senda hacia la justicia parece larguísima a causa de las complejidades judiciales y las complicaciones políticas, ni las víctimas, ni sus abogados ni Amnistía Internacional se van a rendir. Todos sabemos que vale la pena luchar. No sólo es su batalla personal, es también una lucha nacional contra la negación.

Desde el regreso de Jean Claude Duvalier a Haití el 16 de enero de 2011, tras pasar 25 años en el exilio, sus partidarios han utilizado todos los medios posibles para rehabilitar su imagen y la de su padre François, que gobernó el país como dictador durante 14 años.

El 19 de abril, el nieto de François Duvalier publicó un homenaje a su abuelo en el principal diario del país, en el que le calificaba de “eminente hombre político […] que defendió los valores republicanos durante toda su vida”.

Aunque, como familiar, tiene derecho a expresar su opinión, su declaración supone una bofetada para los miles de víctimas de su régimen.

Al conmemorar por primera vez los terribles sucesos del 26 de abril de 1963, los haitianos de hoy en día dicen no a la dictadura, a las violaciones de derechos humanos y a la impunidad. Piden a sus dirigentes –y al mundo– que recuerden y actúen.

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