Los periodistas siguen plantando cara en Siria a pesar de los ataques selectivos

Un periodista ciudadano documenta un ataque en el barrio de Juret al Shayah, en Homs, 24 de julio de 2012. © REUTERS/Shaam News Network/Handout

En el Día Mundial de la Libertad de Prensa, Noor Al-Bazzaz, del equipo de investigación de Amnistía Internacional sobre Siria, describe cómo los periodistas en Siria son blanco de ataques de todas las partes.

Las autoridades sirias llevan decenios intentando ocultar toda “verdad” no santificada por ellas. Tal vez entonces no debería haberme sorprendido la rapidez con la que intensificaron la represión de la libertad de expresión cuando comenzaron en 2011 las manifestaciones pacíficas que pedían reformas, inspiradas en los acontecimientos de Túnez, Egipto y otros países. Sin embargo, en el contexto de la escalada de violencia y los homicidios sobre el terreno, había algo especialmente orwelliano en la manera en que las autoridades intentaban reafirmar de modo implacable su monopolio de lo que la Agencia Árabe Siria de Noticias (SANA) llamó “la realidad de los hechos”.

Represión de los medios de comunicación por el gobierno

Al estallido de las protestas populares en marzo de 2011 le respondió el lanzamiento de una campaña en los medios de comunicación que intentaba desacreditar a los medios que contradecían la visión oficial de los disturbios. La obtención de visados para los periodistas extranjeros resultó cada vez más difícil, y muchos periodistas que ya estaban en Siria fueron intimidados para obligarles a salir del país.

En agosto de 2011 se habían aprobado apresuradamente nuevas leyes que prohibían a los medios de comunicación publicar información sobre temas “delicados”. Ayad Charbaji, periodista y director de la revista Shabablek, me contó que, ya en abril de 2011, recibió un fax del Ministerio de Información que incluía frases adecuadas que debían usarse al informar sobre las protestas. Más tarde fue citado por el Ministerio para ser interrogado por no haber acatado estas directrices, y su licencia de periodista fue revocada.

Al final de 2012, los actos de hostigamiento, las detenciones, la tortura y el enjuiciamiento de periodistas y de periodistas ciudadanos se habían intensificado de forma significativa, y habían convertido Siria en uno de los lugares más peligrosos del mundo para los periodistas. No parece que 2013 vaya a ser diferente.

El auge de los periodistas ciudadanos

Las restricciones crearon las condiciones para la imposición de un “bloqueo informativo” por el gobierno en numerosos pueblos y ciudades, que muchos temieron que pudiera servir de velo para ocultar las violaciones cometidas por el gobierno. Este temor, unido a las nuevas herramientas de los medios sociales, impulsó a miles de “periodistas ciudadanos” a comenzar a registrar lo que veían.

Muchos periodistas extranjeros a los que entrevisté expresaron su asombro ante los riesgos que estos periodistas ciudadanos asumían para reunir y difundir información de zonas de las que de otro modo se sabría poco. El periodista británico Paul Conroy, que resultó herido al bombardear las fuerzas gubernamentales el improvisado Centro de Medios de Comunicación de Homs en febrero de 2012, me dijo: “Los periodistas ciudadanos que allí había eran algunas de las personas más valientes que he conocido. [...] De no ser por ellos, no habría salido ninguna información de Homs, habría habido un punto negro total en un periodo de matanzas”.

Esto es quizá lo que muy pronto convirtió a los periodistas ciudadanos en una amenaza real para las autoridades, y en consecuencia en un objetivo principal. Por ejemplo, Abd al Ghani Kaake tenía sólo 18 años cuando murió tras recibir disparos de las fuerzas de seguridad en la espalda y en el cuello mientras filmaba una protesta en Alepo. A pesar de estos riesgos, los periodistas ciudadanos con los que hablé expresaron su profunda determinación de continuar con su trabajo. Muaz al Taani, de Deraa, a cuya hermana y madre atacaron las autoridades en su intento de localizarlo, me dijo: “Atacaron a mi familia para debilitarme, pero no lo consiguieron. Seguiré registrando y distribuyendo información”.

Abusos cometidos por grupos armados

Lamentablemente, a medida que el país se sumía en la violencia, algunos grupos armados de oposición recurrieron a cometer abusos contra los mismos derechos por los que decían luchar, incluido el derecho de los periodistas y otras personas a expresar sus opiniones y a informar de lo que ven sin temor a sufrir represalias.
Algunos grupos armados han utilizado sus páginas en medios sociales para identificar a periodistas que a su juicio son progubernamentales, los catalogan como “medios shabiha” (shabiha son las fuerzas paramilitares progubernamentales bien conocidas por su brutalidad), profieren amenazas contra ellos y celebran o se atribuyen su muerte.

Por ejemplo, el grupo armado Jabhat al Nusra emitió una declaración en agosto de 2012 en la que reivindicaba la autoría de la ejecución sumaria de Mohamad al Saeed, presentador de la televisión estatal siria. En todo el espectro de opiniones políticas –y a pesar de los peligros a los que se enfrentan–, todos los periodistas con los que hablé proclamaron con vehemencia su derecho a expresar sus opiniones sin ser objeto de enjuiciamiento, abusos o muerte.

Yara Saleh, presentadora del canal de televisión progubernamental Ikhbariya, me contó que incluso después de ser secuestrada y maltratada por un grupo armado de oposición en agosto de 2012, lo primero que hizo al quedar en libertad fue volver al trabajo. Yara me dijo: “La libertad de expresión es mi derecho; no pueden matarme por él”.

Otro periodista, Hussain Mortada, que resultó herido por el ataque de un francotirador el 26 de septiembre de 2012 tras ser amenazado por grupos armados de oposición por “informaciones progubernamentales”, me dijo: “Luchamos contra ellos con nuestras palabras, ellos luchan contra nosotros con balas”.

Hussain continuó con una frase que he oído en repetidas ocasiones a otras personas: “No quieren que haya ninguna opinión o imagen diferente de lo que ellos creen [...] por eso nos atacan”.

ACTÚA 

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