Continúan en Egipto las agresiones sexuales a mujeres manifestantes en medio de la agitación política

Por Diana Eltahawy, investigadora de Amnistía Internacional sobre Egipto, desde El Cairo

Mientras el mundo centra su atención en las consecuencias políticas de la toma de las calles por millones de personas en Egipto con llamamientos generalizados para que el presidente Mohamed Morsi renuncie y el ejército tome el poder, hay otros repugnantes episodios que han pasado prácticamente desapercibidos: la agresiones sexuales que una y otra vez sufren a manos de turbas de hombres las mujeres y las niñas que protestan en los alrededores de la plaza Tahrir, ante la inacción de las autoridades.

No es ninguna novedad.

Testimonios de mujeres atrapadas en las manifestaciones, supervivientes de protestas anteriores y personas que intentaron ayudar, relatan una terrible secuencia: decenas, cuando no centenares de hombres rodean a sus víctimas, les arrancan la ropa y el velo, les bajan las cremalleras de los pantalones y les manosean los pechos y el trasero, empleando con frecuencia palos, cuchillas y otras armas para llevar a cabo sus ataques.
Los ataques por hordas de hombres de los dos últimos días son la repetición trágica a mayor escala de incidentes similares que tuvieron lugar durante grandes protestas anteriores, incluida las protestas contra la Declaración Constitucional del presidente Morsi en noviembre de 2012 y las del segundo aniversario de la “Revolución del 25 de enero” en enero de 2013.

La repetición de estos aterradores ataques durante el fin de semana es otro brutal recordatorio de que los sucesivos gobiernos egipcios, incluido el de Morsi, no han abordado la violencia y la discriminación por motivos de género.

El 30 de junio, la Operación contra la Agresión y el Acoso (OpAntiSH), una iniciativa emprendida por varias organizaciones de derechos humanos, grupos y particulares en Egipto para combatir el acoso y las agresiones sexuales, recibió informes de 46 casos de agresiones sexuales contra mujeres en los alrededores de la plaza Tahrir. En el palacio presidencial, la iniciativa “Yo presencié un acoso” denunció un caso más. Amnistía Internacional cree que la verdadera cifra es probablemente mucho mayor.

Las primeras noticias de agresiones en los alrededores de la plaza Tahrir se produjeron a eso de las 6 de la tarde, y siguieron hasta bien avanzada la noche. Según los informes de que dispone Amnistía Internacional, al menos una superviviente tuvo que ser sometida a cirugía a consecuencia de las agresiones, y varias más tuvieron que recibir atención médica.

Los activistas de la iniciativa OpAntiSH, junto con voluntarios de Guardaespaldas de Tahrir, otro grupo que lucha para terminar con todas las formas de acoso sexual de las mujeres, trataron de intervenir para poner a salvo a las agredidas. Sus líneas telefónicas de ayuda no dejaron de sonar hasta primeras horas de la mañana; en ocasiones, sus intentos de ofrecer ayuda se vieron obstaculizados por falsas llamadas insultantes.

Rescatar a las mujeres de los ataques entrañaba un alto riesgo personal, pues muchos voluntarios fueron golpeados y agredidos con cuchillas y otras armas. Según los informes, un voluntario sufrió una conmoción cerebral tras un fuerte golpe en la cabeza, y a otros tuvieron que aplicarles puntos.

Los ataques no se limitaron al 30 de junio. En la medianoche del segundo día de las protestas multitudinarias, OpAntiSH informó de otros 17 casos de agresión sexual. Entre las afectadas había ancianas y niñas de sólo siete años. El 3 de julio, OpAntiSH recibió unos 25 informes de intentos de agresión o acoso sexual, uno de los cuales requirió la intervención de psicólogos. En el resto intervinieron voluntarios y transeúntes para rescatar a las víctimas.

Las agresiones ya habían comenzado los días previos a las manifestaciones multitudinarias del 30 de junio. Dos días antes, el grupo Nazra para Estudios Feministas, que aspira a crear un movimiento feminista en Egipto, recibió información sobre 12 casos de agresión sexual a mujeres –algunas de las cuales habían tenido que ser hospitalizadas– en las inmediaciones de la plaza Tahrir.

Cuando este año comenzaron a surgir noticias sobre agresiones similares, algunas autoridades, entre ellas el primer ministro, las condenaron sin demora, prometiendo nuevas leyes sobre violencia contra las mujeres. Lamentablemente, esta reacción de las autoridades no parece haber sido más que un intento de desviar las críticas, tanto las nacionales como las de la comunidad internacional.

El Consejo Nacional de Mujeres envió un proyecto de ley sobre violencia contra las mujeres al presidente y el primer ministro a mediados de junio, pero no parece haber habido cambios.

En mayo, sin consultar a grupos de mujeres ni a activistas, se anunció la creación de una unidad especial, integrada totalmente por mujeres y dependiente del Ministerio del Interior, para abordar el acoso y la violencia sexual contra las mujeres. Sin embargo, no ha habido ni rastro de esta unidad en estos últimos días. Entretanto, voluntarios y activistas de derechos humanos trataban de cubrir la laguna creada por la inacción del Estado trabajando incansablemente para poner a salvo a mujeres y niñas y proporcionándoles la atención médica, psicológica y jurídica que tanto necesitaban.

El gobierno tampoco ha abordado el arraigado discurso discriminatorio con sus correspondientes actitudes, que culpa a las mujeres por los ataques que sufren y reverbera en toda la sociedad.

Cuando comenzaron a surgir los testimonios de agresiones sexuales colectivas a mujeres, los miembros del Consejo de la Shura, la cámara alta del Parlamento egipcio, dijeron en febrero de 2013 que eran las mujeres las que provocaban los ataques por asistir a las protestas.

Las mujeres no debían mezclarse con los hombres en las manifestaciones, dijeron.
Tras los últimos y terribles incidentes, destacados miembros de la Hermandad Musulmana dieron publicidad a las agresiones sexuales en las redes sociales. Canales conocidos por su apoyo al presidente no desperdiciaron la oportunidad de “demostrar” que sus oponentes no eran más que “matones” y “delincuentes”. El 29 de junio, el ayudante sobre relaciones exteriores del gabinete presidencial emitió una declaración en inglés –claramente dirigida a la comunidad internacional– señalando las agresiones sexuales a mujeres a manos de sus opositores y comparándolas con las protestas “pacíficas” de sus simpatizantes.

Parece que el gabinete del presidente responde rápidamente a los casos que pueden provocar la condena internacional. Su portavoz señaló el 30 de junio que se estaban tomando medidas en relación con la violación de una periodista extranjera.

No sucede lo mismo cuando se trata de mujeres egipcias víctimas de agresión sexual en la calle. La preocupación que recientemente muestra la Hermandad Musulmana por la violencia contra las mujeres está a años luz de su declaración de marzo en la que afirmaba que una declaración de la ONU que pedía el fin de la violencia contra las mujeres era la destrucción “de la vida familiar y la sociedad entera”.

La oposición al presidente tampoco está libre de culpa. Pidió la movilización masiva en las manifestaciones, pero a pesar de los precedentes, no hizo una labor de sensibilización sobre las agresiones sexuales ni las denunció.

Lo que se necesita hoy no es marcarse puntos políticos, sino actuar realmente. Los delitos contra todas las supervivientes deben investigarse de forma independiente, imparcial y exhaustiva para que los responsables comparezcan ante la justicia.

Y hasta ahora, los hechos dicen más que las palabras: siete supervivientes de agresiones sexuales en los alrededores de la plaza Tahrir durante las protestas de noviembre de 2012 y de enero de 2013 presentaron denuncia ante la fiscalía en marzo. Aunque se abrieron investigaciones, éstas se han estancado y no se ha exigido responsabilidades a nadie por los hechos. Según contó a Amnistía Internacional un abogado que se ocupa del caso, un fiscal había afirmado que el caso “no era prioritario”, pues tenía que investigar otros “delitos más graves”.

Esta actitud despectiva, junto con los intentos de justificar las agresiones, no hacen sino reforzar actitudes muy arraigadas en la sociedad que ponen en peligro la vida de las mujeres. Lamentablemente, y a pesar de lo que ocurre en Egipto en los últimos días, aún queda mucho por andar para conseguir la igualdad.

Visiten nuestra Lista de puntos esenciales para combatir la violencia sexual y de género.

 

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