¿Cuántos más? Los refugiados por el conflicto de Siria superan los dos millones

La Agencia de la ONU para los Refugiados ha anunciado que el número de refugiados del conflicto armado sirio ha sobrepasado los dos millones. © SAFIN HAMED/AFP/Getty Images

De Charlotte Phillips, investigadora de Amnistía Internacional sobre los derechos de las personas refugiadas y migrantes

Es difícil no sentirse abrumada por el alcance y la brutalidad del conflicto en Siria, el desplazamiento masivo y el profundo sufrimiento que está causando a incontables seres humanos.

António Guterres, alto comisionado de la ONU para los refugiados, ha descrito el conflicto de Siria como “la gran tragedia de este siglo, una funesta catástrofe humanitaria con cotas de desplazamiento y sufrimiento sin comparación en la historia reciente”.

La situación se ha deteriorado drásticamente en las últimas semanas, tras la aparición de vídeos que mostraban a decenas de civiles aparentemente masacrados con armas químicas en localidades fuera de Damasco.

En las últimas 24 horas, las Naciones Unidas han anunciado que el número de refugiados de Siria ha superado oficialmente los dos millones, un trágico hito. Al menos un millón son niños, muchos de ellos de menos de 11 años de edad. Pero, como todas las estadísticas, ésta sólo cuenta parte de la historia, porque detrás de cada número hay un ser humano que ha experimentado una pérdida descomunal.

En la oficina central de Amnistía Internacional en Londres recibimos prácticamente a diario llamadas y mensajes de correo electrónico de estas personas y familias, muchas de las cuales ahora están en los países vecinos de Líbano, Jordania, Turquía, Irak y Egipto, y en lugares cada vez más alejados. Se dirigen a la organización para pedir asistencia, consejo, ayuda material y protección de sus derechos. Desean rehacer sus vidas, y cada vez son más los que piensan que sólo pueden hacerlo en otro país seguro.

Porque, después de haber padecido tanto dolor y sufrimiento en Siria, lo cierto es que la vida es extremadamente dura para los refugiados en los países vecinos.

Mis compañeros y yo acabamos de regresar del campo de refugiados de Zaatri, en Jordania; es el segundo más grande del mundo después del campo de Dadaab en Kenia, que crece de manera descontrolada. Se ha convertido extraoficialmente en la cuarta ciudad más poblada de Jordania. Actualmente alberga a casi 130.000 refugiados de Siria, de los que un porcentaje significativo son menores de edad y población vulnerable: personas que han sobrevivido a tortura, están gravemente heridas o enfermas, son ancianas o tienen alguna discapacidad.

La ONU y organizaciones que trabajan sobre el terreno han hecho varios llamamientos a la comunidad internacional para que aporten financiación, ya que, pese a algunas donaciones importantes, persiste el grave problema de falta de fondos para servicios básicos como asistencia alimentaria, educación, refugio y un sistema de suministro de agua más fiable. Y no sólo en Zaatri o en todo Jordania escasean los fondos para proteger y asistir a los refugiados.

Es una realidad en toda la región, donde la población refugiada, sobre todo en entornos comunitarios, consigue a duras penas acceder a los servicios básicos y los países de acogida están sucumbiendo a la presión. Todos esos países de acogida se enfrentan a importantes problemas económicos y políticos debido a la afluencia de refugiados; mientras, el aumento de la presión sobre los servicios locales está enconando las tensiones entre la población refugiada y las comunidades locales.

Así las cosas, la cuestión es qué se puede hacer, como tantos han preguntado en los últimos días y meses.

Sin una solución política a la vista para Siria, lo mínimo que se puede hacer es permitir que las personas que han huido para salvarse puedan vivir con dignidad y seguridad. La ONU, que en junio lanzó el llamamiento humanitario más ambicioso de su historia, calcula que actualmente se necesitan casi 3.000 millones de dólares estadounidenses para cubrir las necesidades de los refugiados en la región. Hasta la fecha, Estados Unidos, Kuwait y la Comisión Europea están entre sus principales donantes. A pesar de ello, de momento sólo se ha cubierto el 40 por ciento de los fondos demandados en el llamamiento. Los países con medios para ello –países de la UE, América del Norte, los Estados del Golfo Pérsico y otros– deben seguir incrementando los fondos destinados a la crisis de refugiados y hacer previsiones para prestar apoyo sostenido a largo plazo a los Estados vecinos de Siria.

Pero eso no bastará para aliviar la crisis de los refugiados. Los gobiernos donantes deben estar preparados para sacar de la región a los refugiados más vulnerables y permitirles establecerse con seguridad en sus países, mediante programas de reasentamiento y admisión por razones humanitarias. Así, además de tender una mano de verdad a los más vulnerables, contribuirán a aliviar la carga que soportan los vecinos de Siria.

Aunque Alemania ya ha aceptado acoger a 5.000 refugiados sirios a través de un programa de admisión por razones humanitarias, la respuesta de otros países de momento es más limitada.

Si vives en un país que puede y debe hacer más por el pueblo sirio, es el momento de pedir al gobierno que incremente su apoyo a los refugiados procedentes de Siria. En las últimas semanas se ha hablado mucho de lo que la comunidad internacional debe o no debe hacer en relación con el conflicto de Siria. Apoyar a los refugiados es sin duda algo que puede hacer y algo a lo que debe dedicar muchos más esfuerzos.

Más información:
Siria: Seis puntos clave de la intervención militar (Blog, 29 de agosto de 2013)
Siria: Posible intervención armada internacional tras presunto ataque con armas químicas (Preguntas y respuestas, 29 de agosto de 2013)
Basta de lamentos sobre Siria (artículo de opinión, 22 de agosto de 2013)

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