Más violencia durante la conmemoración del 6 de octubre en Egipto


El estallido de violencia durante la conmemoración de la Guerra del 6 de Octubre se saldó con al menos 53 muertos en todo el país y centenares de personas heridas, incluidos menores de edad. © AHMED GAMEL/AFP/Getty Images

Por Diana Eltahawy, investigadora de Amnistía Internacional sobre Egipto

“Algunas personas salen a la calle a celebrar, otras a morir.”

Estas palabras, pronunciadas por un seguidor de Morsi herido, resumen lo ocurrido el pasado domingo, cuando los egipcios salieron a las calles para conmemorar el 40 aniversario de la Guerra del 6 de Octubre.

La violencia que se desencadenó durante la conmemoración se saldó con al menos 53 muertos en todo el país y centenares de personas heridas, incluidos menores de edad.

Haciendo caso omiso de las amenazas del gobierno y de una opinión pública sumamente adversa, manifestantes partidarios de Morsi organizaron marchas por todo El Cairo. Su objetivo era llegar a la plaza Tahrir, el emblemático epicentro de la “Revolución del 25 de enero” y actual emplazamiento de las concentraciones de partidarios del gobierno.

El gas lacrimógeno, los disparos de escopetas y el fuego real los obligaron a detenerse. Las fuerzas de seguridad hicieron un uso excesivo de la fuerza para dispersar a los seguidores de Morsi e impedirles acercarse a la plaza Tahrir, al tiempo que hombres vestidos de civil recurrían a la violencia contra los manifestantes.

En los enfrentamientos más violentos, en la plaza Tahrir, distrito de Dokki, murieron unas 30 personas; según cifras oficiales, otras 16 perdieron la vida cerca de la plaza Ramsés.

El 6 de octubre, cuando conducíamos hacia el lugar de los enfrentamientos en Dokki, nos encontramos con pequeños grupos de personas que ondeaban banderas egipcias y alzaban fotos del ministro de Defensa Abdel Fatah al Sisi.

Minutos después pasamos al lado de partidarios de Morsi que se retiraban; la mayoría también llevaba banderas de Egipto. Sin embargo, un manifestante levantaba lo que, según él, eran restos de masa encefálica humana que supuestamente pertenecía a un manifestante al que habían matado las fuerzas de seguridad. Mientras tanto, aviones militares sobrevolaban la zona dejando tras de sí estelas de humo blanco, rojo y negro, los colores de la bandera egipcia.

En El Cairo, no todos se vieron atrapados por la violencia del 6 de octubre. Miles de personas con espíritu festivo se habían congregado ese día en la ciudad, al igual que hinchas de fútbol que veían jugar a su equipo egipcio favorito en la Liga de Campeones de la Confederación Africana de Fútbol.

Sin embargo, a escasa distancia del jolgorio, el llanto y los insultos inundaban la zona de recepción del hospital Ibn Sina. En el interior, los familiares identificaban los cuerpos sin vida de cinco hombres tendidos en el suelo sobre charcos de sangre. Según el personal, al hospital llegaron 9 manifestantes muertos y en torno a 40 heridos a consecuencia de la violencia desencadenada en la cercana plaza Tahrir.

Un joven de 20 años que presentaba heridas de perdigones en el ojo derecho me contó que, cuando los manifestantes partidarios de Morsi llegaron a la calle Tahrir en Dokki, comenzaron a atacarlos. De las calles laterales comenzaron a salir grupos de hombres vestidos de civil, armados con espadas, cuchillos y otras armas. Según contó, los manifestantes consiguieron mantenerlos alejados, principalmente lanzándoles piedras, e intentaron seguir adelante para acceder a la plaza Tahrir hasta que las fuerzas de seguridad dispararon gas lacrimógeno y fuego real hacia donde se encontraban.

Otro hombre de 20 años puede perder la vista tras sufrir heridas de perdigones en ambos ojos durante la misma protesta. Afirmó que las fuerzas de seguridad apresaban a manifestantes seguidores de Morsi que luego eran golpeados por hombres vestidos de civil a los que describió como “matones”. Admitió que partidarios de Morsi actuaron de modo similar al golpear a un “matón” apresado que, al parecer, posteriormente “confesó” que las fuerzas de seguridad le habían pagado para que atacase la marcha de seguidores de Morsi.

En otras zonas de El Cairo, residentes opositores a la Hermandad Musulmana –el movimiento político que apoya al gobierno de Morsi depuesto– también resultaron heridos durante la violencia. Youssef Mohamed Abdelfattah, de 15 años, sufrió una herida ocular causada por perdigones cuando pasaba al lado de manifestantes partidarios de Morsi que habían tenido un enfrentamiento con residentes en Al Manial. Un niño de ocho años de Al Manial también tuvo que ser hospitalizado tras ser alcanzado en el rostro por una piedra lanzada entre los dos bandos.

Además, las fuerzas de seguridad hicieron un uso injustificado de medios letales para dispersar a seguidores de Morsi que intentaban llegar a la plaza Tahrir desde la plaza Ramsés.

Un estudiante de 16 años que recibía tratamiento por dos heridas de escopeta en una mano y una pierna me contó que le dispararon cuando se agachó para ayudar a otro manifestante herido de bala. Así describió cómo se desencadenó la violencia:

“Rezamos la Asr (oración de la tarde) en la calle, bajo el puente Galaa. Dos minutos después de acabar dispararon una gran cantidad de gas lacrimógeno y la gente empezó a correr en todas direcciones. Yo estaba en la cabecera de la marcha y vi dos vehículos blindados que se nos acercaban disparando desde la plaza Tahrir, sin previo aviso. Los disparos llegaban de todos lados.”

“Al cabo de unos minutos recibí los disparos y otros manifestantes me llevaron rápidamente hacia una calle lateral. Había ido a la plaza Tahrir unas horas antes para ver cómo era aquello; había mucha gente festejando, y en las entradas había un montón de miembros de las fuerzas de seguridad. Los partidarios de Sisi están protegidos, y a los opositores los matan. Yo soy la misma persona, pero en la plaza Tahrir estaba a salvo y en la marcha hacia allí me dispararon.”

La mayoría de los partidarios de Morsi heridos a los que entrevisté no tienen intención de presentar denuncias ante la fiscalía. Temen que las investigaciones no sirvan para que se haga justicia y que sean ellos los que acaben detenidos.

Las autoridades egipcias han prometido que los reiterados abusos de las fuerzas de seguridad se van a investigar de forma imparcial, independiente y exhaustiva, pero estas investigaciones aún no se han materializado. Desde la “Revolución del 25 de enero”, o bien nunca se ha procesado a los miembros de las fuerzas de seguridad sobre los que existen sospechas razonables de que han matado a manifestantes, o bien han sido absueltos o han recibido penas leves o condenas condicionales.

A menos que se rompa este ciclo de impunidad y se retire de sus puestos a los responsables de matar y torturar a manifestantes, y si no se toman medidas reales para reformar y revisar el aparato de seguridad, existe el peligro real de que se repita la violencia que se desencadenó el 6 de octubre.

En esta ocasión, la mayoría de las víctimas eran partidarios del depuesto presidente Morsi. La próxima vez podría ser cualquiera que se muestre contrario a quien ostente el poder.

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